2006: Julio López era testigo clave en el Juicio a Miguel Etchecolatz y uno de los tres querellantes junto a Nilda Eloy y la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos.
El 17 de Septiembre, su hijo Gustavo pasó a buscarlo pero no lo encontró y hoy, tres años después Julio López sigue sin aparecer.
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Julio es el nombre de una víctima más de una violencia institucionalizada y rápidamente se convirtió en el emblema de los derechos humanos en Argentina y Latinoamérica. En sus letras se inscribe una historia de secuestros y torturas, como un ciclo cerrado que nunca dejó de girar. Durante los Juicios a Etchecolatz se dieron a conocer amenazas directas, escuchas telefónicas e intentos de ataques contra la vida de personas involucradas con la causa. Si a esto le sumamos el agravante de la falta de protección a los testigos y la actitud del Gobierno Nacional que parece haberse dormido en sus laureles, el destino incierto de Julio era un final que estaba anunciado pero que nadie creía posible de concretar. Ya pasaron más de mil días y no hay indicios sobre su paradero. Un secuestrado durante la última dictadura militar ahora es un desaparecido en democracia. Mientras tanto las voces de los sectores más podridos del espacio mediático lanzan como escupitajos un Sí a la pena de muerte o un respaldo a la disminución de la edad de imputabilidad. La pobreza se esparce como peste y la droga más barata carcome a una juventud sumergida en la miseria. La derecha nacional más recalcitrante fomenta la vuelta del servicio militar y organiza pelotones de uniformados que mantienen en orden la ciudad y apalean los ghettos suburbanos que se amontonan en las franjas periféricas. Es mentira que la inseguridad es una sola, esto es otra ilusión mediática. La inseguridad está fragmentada y lo más peligroso de todo institucionalizada. Se criminaliza a los más excluidos de la sociedad pero cuando hablamos de Julio López todos hacen oídos sordos.
Los 30.000 desaparecidos, los miles de cadáveres flotando en los márgenes de los ríos, los cientos de centros clandestinos de detención, los cientos de nietos que aún faltan recuperar, los efectivos de la bonaerense que aún siguen trabajando, los uniformados que no han sido juzgados, los caídos en Malvinas, los veteranos, las chicas desaparecidas en democracia, las redes de Prostitución, los trabajos clandestinos, el tráfico de órganos, las pistas de aterrizaje ocultas que sirven de nexo para el tráfico de drogas, los escuadrones de la muerte, el gatillo fácil, la miseria económica, educativa, la salud, el SIDA, las enfermedades de transmisión sexual…Todo absolutamente todo es violencia. Y violencia también es la impunidad.
¿Y Julio López dónde está?
Se minimizó la desaparición y se actuó tardíamente. El Gobierno Nacional está como un en un impass, la inmutabilidad de los periodistas es vergonzosa, la apatía de la sociedad en general muestra un desinterés atroz, y esto en su conjunto no hace más que sumergir a López en lo más profundo del abismo. El tan preciado NUNCA MAS debería estar en boca de todos, debería estar tatuado como política de Estado, debería hacerse carne.
¿Y Julio López dónde está?
Hoy Julio López tiene 79 años y nadie sabe si está vivo o no. Ni un rastro ni una pista ni nada. Como dice la Revista Barcelona: “Julio sigue sin aparecer. Luciano Arruga también.

